Premian a campesina colombiana por su desempeño como líder rurale

 

 

La ONG Both Ends a través de su iniciativa JWH galardonó en febrero de 2018 a María Elena Pulido, campesina del Páramo de Guerrero, por su liderazgo en acciones orientadas a recuperarlo, mediante agricultura orgánica. El premio es un auxilio económico para apoyar su desarrollo como líder rural y fortalecer sus capacidades técnicas. Pero quién es María Elena, cómo vive y qué hizo para merecer el premio?

 

María Elena Pulido siempre fue diferente. Así como lo fue su abuela materna.

 

Ya en la escuela quería saber más que sus compañeras. Es como si supiera que el conocimiento le iba a abrir muchas puertas.

 

Y se las abrió.

 

Pero llegar allí le costó mucho.

 

El primer obstáculo lo tuvo al finalizar su primaria. Quería ser bachiller pero en la vereda no era posible. Tendría que estudiar en Subachoque, un pueblo cercano, y pagar un transporte diario. Sin embargo, sus padres no pudieron costearlo. Y tuvo que postergar sus sueños.

 

Pero su curiosidad no se detuvo.

 

Siempre le gustó su páramo, sus plantas, sus animales, sus paisajes, y aún el intenso frío, propio de esas alturas.

 

Y nunca olvidó quién le enseñó a cuidarlo.

 

Cada vez que iba con su abuela a la finca donde trabajaba, el dueño le contaba la importancia del páramo y porqué había que protegerlo.

 

Qué sabias fueron esas palabras!

 

El Páramo de Guerrero se ubica al norte del departamento de Cundinamarca, en las zonas altas de los municipios de Carmen de Carupa, Tausa, Zipaquirá, Subachoque, Cogua, Pacho, San Cayetano y Susa. De la superficie total del páramo (casi 42 mil hectáreas), 5 mil están están en Subachoque, municipio donde vive María Elena. El Páramo de Guerrero es uno de los páramos más degradados del país. Se cree que el 70% de sus tierras se ha deteriorado por la acción de las malas prácticas agrícolas, el pastoreo intensivo y la minería indiscriminada.

 

 

Sus sueños de terminar los estudios se volvieron a aplazar cuando fue mamá a los 15 años. La situación trajo nuevas responsabilidades pero también muchos gastos, que ella y su esposo Carlos no podían atender.

 

Así que comenzó a lavar ropa para sus vecinos y hacer almuerzos para trabajadores, que repartía llevando a su hija en brazos.

 

Fue una época difícil — pero qué es fácil en esta vida?, se pregunta.

 

Sin embargo, los deseos de aprender seguían vivos.

 

A los 27 años supo de un plan de estudios para adultos en un colegio de Subachoque. Y no lo pensó dos veces. Fueron dos años yendo y viniendo del pueblo. Pero valió la pena.

 

María Elena vive en la vereda Pantano de Arce, ubicada en la parte del Páramo de Guerrero que corresponde a Subachoque, un municipio cercano a Bogotá. Allí viven 70 familias cuyo sustento deriva de la agricultura, principalmente del cultivo de la papa, y la ganadería, dedicada a la producción de leche. La mayoría de las fincas pertenece a pequeños agricultores, quienes producen papa y leche para su autoconsumo. El resto arrienda sus tierras a productores de papa, un cultivo que demanda grandes cantidades de productos químicos.

 

En 2015 sucedió algo que cambiaría su vida.

 

Sus vecinos empezaron a contarle sobre una técnica de cultivo que hacía uso racional de los recursos naturales.

 

Lo que más le impactó fue saber que podía producir papa sin usar químicos. Es que siempre le parecieron muchas las aplicaciones que debían hacerle al cultivo (entre 15–20). Pero todos le decían que era la única forma de producir papa en el páramo.

Decidió entonces experimentar con lo que en ese momento supo que se llamaba agricultura orgánica.

 

Junto con algunos vecinos empezó a sembrar papa de forma orgánica, siguiendo las indicaciones de José Hernandez, un ingeniero agrónomo que vive en la vereda.

 

 

Y después de muchos ensayos y errores se dio cuenta que podían producirla en sus fincas, de buen sabor y textura, a pesar de las condiciones extremas de clima y altitud del páramo.

 

Para ese entonces ya eran once los productores comprometidos.

 

Y aunque eran conscientes que la producción disminuía, si no usaban químicos, también sabían que podían venderlo a un mayor precio, si lograban darle un valor agregado.

 

Entonces averiguaron y les recomendaron, como primer paso, oficializar ese grupo de productores. De ahí nació ASOARCE, la Asociación de productores agroecológicos del Pantano de Arce.

 

Con el tiempo aprendieron sobre la técnica, se volvieron hábiles en seleccionar la mejor semilla de papa, conocieron productos biológicos que protegían al cultivo de enfermedades y supieron qué plantas ahuyentaban los insectos que dañan la papa.

 

Si bien hasta dentro de un año van a recibir la certificación como productores de alimentos orgánicos, los frutos del trabajo se ven ya. No sólo están produciendo papa orgánica (variedades comerciales y nativas) sino también coliflor, brócoli, cebolla, remolacha, cubios, yacón y quinua.

 

María Elena es la representante legal de ASOARCE.

 

Pero su trabajo no se detiene allí.

 

Además de su rol como esposa, madre y abuela, María Elena atiende reuniones semanales por ser secretaria de la Junta de Acción Comunal de la vereda Pantano de Arce y delegada de las mujeres campesinas ante el Consejo Consultivo de Mujeres en Subachoque.

 

Y gracias al premio recibido, ahora podrá aprender y compartir los frutos de su estudio.

 

Su vida está llena de ocupaciones, pero así le gusta.

 

A los 35 años, María Elena sigue siendo diferente.

 

Igual que lo fue su abuela materna.

 

El premio de María Elena lo concede Both Ends, una organización no gubernamental (ONG) holandesa que trabaja con grupos de justicia ambiental* de países pobres y en desarrollo para lograr un mundo sostenible, justo e inclusivo. Uno de sus proyectos, Joke Waller-Hunter (JWH) Initiative, otorga una pequeña subvención para la educación y capacitación de las personas designadas por su organización como futuros líderes potenciales.

 

* Justicia ambiental significa que todos tienen derecho a vivir en un medioambiente saludable y seguro, sin importar raza, origen étnico o ingreso.